El primer Fulgencio que conocí fue una iguana, le gustaba el sol y la vida suave y el color de su manto era una perfecta armonía de tonos neones y metalizados. El segundo con el que me he topado, el de la foto, es vegano, espiritual y orgulloso de su pelo; si yo tuviera esa melena, también estaría orgulloso de ella.
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